miércoles, 4 de mayo de 2011

L o s  I n v e r t i d o s

Una excelente puesta de Mariano Dossena.  
Supera todas  las polémicas generadas por esta tragedia de clase.  
Moviliza y emociona trascendiendo la doble moral 
y el discurso encubierto de nuestra sociedad



Cuando hablamos de una obra temática clásica que a raíz de las controversias que ha desatado desde su estreno—hace ya casi cien años, en 1914—lo primero que nos viene a la mente son las dificultades que puede presentar su puesta.  Las preguntas y las dudas se suman de manera rápida.  Dados los progresos y los cambios sociales que ha producido el paso del tiempo, el riesgo es muy alto.  Sin embargo éste no ha sido el caso en el nuevo  montaje de Los invertidos, la obra de José González Castillo, que tanta polémica causó en su fallido intento de debutar en 1914  (Cabe recordar que por ese entonces, era aún relativamente reciente el escándalo de Oscar Wilde acusado de “sodomía”, y la frase de un poema de Lord Alfred Douglas que se utilizó en el juicio, “el amor que no se atreve a decir su nombre”). Después de haber visto esta puesta de Mariano Dossena, no nos quedan dudas de que Los invertidos, fue un drama de avanzada para aquel momento histórico.  

 Fernando Sayago-Gustavo Pardi-Maia Francia

El conflicto no se centra exclusivamente en la temática de la homosexualidad trágica como era vista en aquellos tiempos cuando aún se empleaban términos hoy obsoletos, como “manfloro”, “maricón”, “sodomita”, “puto”, “invertido”, “pecador”, “enfermo”, o simplemente “delincuente”, sólo por practicar “el pecado nefando”.  Es más un tratamiento de la situación desde la óptica de seres que provienen de los diversos estratos sociales que representan cada uno de los personajes.  González Castillo presenta un variado tapiz que va desde la aristocracia más rancia (El Dr. Pérez—Gustavo Pardi—Clara—Maia Francia—su esposa, y sus hijos, Julián—Emiliano Dionisi—Lola, Margarita Lorenzo), dos bon vivants (Pérez—Fernando Sayago—y Fernández—Gabriel Serenelli—y Emilio—Alejandro Falchini), de la misma esfera, pero de un escalón menor, una mucama (Petrona—Elsa Espinosa),  que es como una propiedad de esa familia a la que ha servido toda su vida, un servil mayordomo inescrupuloso (Benito—León Bara), que busca escalar vendiéndose a cualquier precio, y dos travestis (Juanita—Emiliano Dionisi—y Princesa—Daniel Toppino), marginales que no tienen nada que perder. Cada uno de ellos nos da, de un modo u otro, su opinión acerca de la homosexualidad.  A pesar del siglo transcurrido, Los invertidos sigue siendo un drama que no ha perdido actualidad, ese mundo cerrado, en el que la apariencia y la hipocresía valen más que la verdad, todavía hoy, en 2011, continúa siéndonos familiar en muchas esferas y disfrazado de diferentes formas.  Los conceptos “higienistas” post victorianos—tan comunes a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX—no han sido abandonados por una porción de nuestra sociedad contemporánea, en especial en aquellos que siguen aferrados al conservadurismo religioso.  Sin embargo, la visión que muestran los representantes de las clases más bajas, se oponen diametralmente a los de los aristócratas.  Para Petrona la homosexualidad es moneda corriente, no la ve con los mejores ojos, pero tampoco le molesta.  Benito—una especie de Lazarillo de Tormes en su filosofía—está más interesado en escalar que en preocuparse por quiénes ocupan la cama de su patrón, y por unos billetes, sería capaz de venderlo sin dudar.  Juanita y Princesa, las travestis, saben perfectamente que sólo pueden disfrutar el momento, lo que la vida les pone delante, son seres atrapados en la marginalidad que los posiciona su condición, y lanzan comentarios ácidos contra todo, aún contra ellas mismas.  En cambio, los personajes de clase, encabezados por el Dr. Florez, llevan una doble vida cargada de infelicidad.

 Alejandro Falchini-Daniel Toppino-Fernando Sayago-Maia Francia-Gustavo Pardi-Emiliano Dionisi
Elsa Espinoza-Margarita Lorenzo-León Bara-Gabriel Serenelli

Los detonantes de estas ambigüedades, recaen en dos de los personajes.  Por un lado está Clara, que juzga y condena hasta las últimas consecuencias, sin importarle que también está hablando de sí misma.  Por otro, tenemos a Fernández quien, sabiendo y asumiendo que le han dicho la verdad, pretende defender su honor en un duelo.  

Fernando Sayago-Gustavo Pardi-Gabriel Serenelli-León Bara

Los invertidos, presenta una resolución escénica altamente funcional.  Aprovechando las dimensiones de esta amplia y bien equipada sala, “El Extranjero”, Nicolás Nanni ha dividido la escena en dos espacios: la austera oficina del Dr. Florez, dominada por una ventana desde la que las luces de Claudio del Bianco dan las diferentes tonalidades de cada escena que se reflejan en un espejo de marco dorado, y la garçonnière de Pérez, auténtica hasta en el detalle de una gran reproducción del cuadro de 1850 de William-Adolphe Bouguereau, “Dante y Virgilio en el infierno” que, como estos dos personajes, parecieran estar observando, sin juzgar, la escena de los pecadores impulsados por los demonios.  También el diseño de vestuario es de Nicolás Nanni, y se ajusta muy bien a la época.

Gustavo Pardi                                Fernando Sayago 


                                                    Emiliano Dionisi   Daniel Toppino   Alejandro Falchini


 Bajo la meticulosa dirección de Mariano Dossena, todo el elenco logra brindar actuaciones impecables, medidas y muy parejasSin embargo, se impone un párrafo aparte la brillante labor de Maia Francia (una actriz que nunca deja de admirarnos), cuya transformación escénica—con sus movimientos que van desde la esposa sumisa que flota alrededor de su marido, a la seductora-seducida que intenta avivar su fuego interior en los brazos del hombre equivocado, a la locura final de la tragedia—demuestra un poder y una contención, profundamente profesional que crecen a lo largo de Los invertidos, sin caer en ningún momento en el melodrama.  También Gabriel Serenelli quien, en un rol secundario, logra una excelente composición de “Fernández”, un cajetilla hipócrita en el que se aúnan todos los vicios que expone la tragedia de González Castillo.


  Maia Francia
 
Los Invertidos, es un drama plenamente logrado.  En las hábiles manos de Mariano Dossena y de su equipo, ha conseguido, finalmente, transformarse en un clásico de plena vigencia. Sin duda, la puesta tiene muchos elementos de la vida contemporánea con los que los espectadores podrán fácilmente involucrarse, tanto intelectual como emocionalmente,  con esta gran tragedia argentina. 

      Mariano Dossena
Fotos: Gentileza de Juan Borraspardo ©

Elenco
Pérez: Fernando Sayago
Dr. Florez: Gustavo Pardi
Clara: Maia Francia
Julián /Juanita: Emiliano Dionisi
Emilio: Alejandro Falchini
Princesa: Daniel Toppino
Petrona: Elsa Espinoza
Benito: León Bara
Fernández: Gabriel Serenelli
Lola: Margarita Lorenzo

Ficha técnica
Autor: José González Castillo
Música Original: Diego Lozano
Escenografía y vestuario: Nicolás Nanni
Diseño gráfico: Andres San Martin
Diseño de luces: Claudio del Bianco
Diseño y arte Blog: Ariel Li Gotti
Fotos: Juan Borraspardo
Prensa: Silvina Pizarro
Asistencia de Producción: Tony Chávez
Asistencia de Dirección: Paula Galván
Producción: Pablo Silva
Dirección General: Mariano Dossena
Web: 
http://www.losinvertidos.com.ar
El extranjero - Valentín Gómez 3378 - Capital Federal.
Teléfonos: 4862-7400
Web: http://elextranjeroteatro.blogspot.com 
Precio de las localidades: $ 40,00 y $ 30,00 - Sábado - 23:00 hs.

Año 1914, Buenos Aires. Una familia adinerada es sacudida por la revelación de la doble vida sexual de Flórez, padre y marido, con su íntimo amigo de la infancia, Pérez, quien tiene un bunker donde los invertidos de la época pueden desplegar su oculto mundo femenino. Clara, esposa de Flórez, es el vértice de un triangulo trágico a través del cual esta historia de amor, entre hombres, lleva a los personajes a desnudar sus pasiones más ocultas.
Lo prohibido y lo que no puede “ser visto”, este vínculo conduce irremediablemente, a los personajes, a la tragedia.

“Dante y Virgilio en el infierno”, de William-Adolphe Bouguereau, 1850
© Osvaldo Sabino, Buenos Aires, Argentina, abril de 2011
 

miércoles, 6 de abril de 2011

Me imagino que vendrás acompañado,
la nueva obra de Julián Arenas:
una comedia divertida, realista, fresca y renovadora




Finalmente podemos empezar a disfrutar libremente de los cambios que se han operado en la sociedad argentina.  Hasta ahora, el teatro siempre se enfocó en las secuencias más dramáticas del mundo queer.  Sin hacer mucho esfuerzo, podemos pensar en una larga lista de obras cuya temática siempre estuvo enfocada en las situaciones más tremendistas, o bien en lo grotesco, la ridiculización para provocar la risa fácil.  Por suerte—y para satisfacción de todos, al menos en nuestro país—esta situación empieza a cambiar rápidamente.  Este giro vio sus primeros pasos hace no mucho tiempo, y durante la temporada pasada (2010) fue haciéndose más notoria en las carteleras donde pudimos ver más piezas en las que la comunidad homosexual comenzó a ser representada lejos de los estereotipos trágicos o cómicos a los que el público estaba tan acostumbrado.  


 Este año ha comenzado la temporada teatral, y en lo que a temática queer se refiere, se inaugura con una divertida comedia realista, Me imagino que vendrás acompañado, que muestra, al mismo tiempo, una profunda lectura social.  Su autor, Julián Arenas—quizá por primera vez—invita a la audiencia en general, a conocer qué es lo que pasa durante una reunión de cuatro amigos gay.  Tal vez lo más interesante que presenta el texto es la inversión de la realidad, o sea, las dificultades de estos jóvenes que deben adaptarse al nuevo orden social en el que, afortunadamente, nos toca vivir.  A diferencia de lo que venía sucediendo hasta la actualidad, son ellos quienes no alcanzan a comprender a sus padres que los tratan integrando su homosexualidad de manera corriente, que esperan que asistan a sus fiestas acompañados por sus novios o sus maridos.  Este es un planteo al que, a muchos miembros del colectivo LGTTBI, les llevará un tiempo adaptarse. 

Julián Arenas


Arenas, en su comedia, Me imagino que vendrás acompañado, nos enfrenta con cuatro personajes contemporáneos, a los que ha delineado con gran maestría y cuidado. Todos ellos resultan totalmente familiares a cualquier gay, y también, por qué no, a la mayoría de los espectadores en general.  La trama se desarrolla en medio de una reunión de la que muchos pueden sentirse participes, ya que casi todos han vivido un momento similar.  Y para los heterosexuales es toda una experiencia en la que pueden comprobar que las diferencias entre ambas culturas son apenas perceptibles, y muy alejadas de todo lo que la mitología popular ha venido creando y creyendo desde hace tanto tiempo.  Este es un relato que se desarrolla entre tragos, bromas y un porro que pasa de mano en mano.  Los personajes—Pedro, Lean, Juan y Fede—están en la casa de Juan que los ha invitado para que evalúen al “chico de alquiler” que, para satisfacer a su familia, ha contratado para llevar como acompañante a la fiesta de aniversario de sus padres, quienes insisten que debe ir con su novio, del que se ha separado (de allí el título).  Esto sirve de disparador para que cada uno de ellos se muestre tal cuál es, y para que expresen cómo se sienten ante la nueva idiosincrasia social.  Al mismo tiempo, cada uno de los personajes mostrará abiertamente sus sentimientos, hablando con honestidad acerca de sus propios fantasmas.



Los cuatro actores que integran el elenco de  Me imagino que vendrás acompañado, Francisco Ortiz, Guillermo Forchino, Nicolás Bolívar, y Julián Arenas, mantienen un muy buen nivel actoral, y todos se destacan en sus roles en un mismo logrando darles credibilidad y fuerza a la comedia introduciéndose en la piel de sus personajes, y cuidando hasta los mínimos detalles de estos jóvenes tan diferentes. 



La coreografía, de Nicolás Bolívar, juega un rol muy destacable, y cualquier espectador podrá reconocer e identificarse con sus movimientos, sin tener que sentirse incómodos dado que en ella se ha eliminado cualquier elemento grotesco a los que tanto nos tenían acostumbrados hasta ahora (tanto en el teatro, como en la televisión y el cine). Debemos destacar que Bolívar, es bailarín y coreógrafo.



La escenografía, creada colectivamente por el director y el asistente de dirección (Ariel Sández), es muy funcional y adecuada para la acción.  La dirección de Mario Luis Marino, tiene una buena coordinación, equilibrio escénico, con lo que hace que la obra se desarrolle con total fluidez, y se ajuste al libro de Julián Arenas.





Nicolás Bolívar                                                       Francisco Ortíz                                             Guillermo Forchino
 
Me imagino que vendrás acompañado es una comedia realista, fresca, renovadora, que divierte y, al mismo tiempo, hace pensar, ya que marca un nuevo rumbo en lo que a temática teatral se refiere, liberando a la escena de imágenes tan detractoras como las que presentaban en su momento obras como The boys in the band, de Mart Crowley (El extraño clan), que reafirmaban los estereotipos que se pretendían implantar en el pensamiento colectivo.  El texto de Arenas nos enfrenta con la falta de límites de la verdadera Amistad, derribando todos los obstáculos que el destino puede poner por delante.  Ningún espectador saldrá de la sala sin sentirse identificado con estas situaciones y con los cuatro personajes.


           
Ficha Artística
Pedro:  Julián Arenas
Lean  :  Nicolás Bolívar
Juan  :  Guillermo Forchino
Fede  :  Francisco Ortiz
Voz de la madre: Sandra Antman

Ficha técnica:
Autor: Julián Arenas
Dirección: Mario Marino
Coreografías: Nicolás Bolívar
Styling: Robinson Oberti
Diseño gráfico: Lucía Molina y Vedia
Fotos: Sol López
Prensa: Juan Bautista Britez (info@pressenta.com.ar)
Asistente de dirección: Ariel Sández
Producción: Entre Tipos
Contacto: entretipos@hotmail.com

ME IMAGINO QUE VENDRÁS ACOMPAÑADO - ENTRE TIPOS VOL. 1
De Julián Arenas - Dir. Mario Marino
SÁBADOS 23HS. - Teatro LA TERTULIA, Gallo 826 - Abasto - CABA
$40 - Reservas: 6327-0303 Descuento estudiantes y jubilados.
www.latertulia.on.to

Contacto de prensa:
JUAN BAUTISTA BRITEZ
15-4939-0992 / 4282-9331
info@pressenta.com.ar

© Osvaldo Sabino, 2011





jueves, 10 de marzo de 2011

Sádica, ¿quién rompe el silencio?,
Nicolás Pérez Costa y Nacho Medina continúan creciendo con éxito
Por Osvaldo Sabino



Una vez más, debo decir que cuando hay talento no es necesario tener detrás un productor millonario que financie una obra poniéndole dinero para que triunfe por su espectacularidad.  En el caso de Sádica, ¿quién rompe el silencio?, el nuevo musical de Nicolás Pérez Costa y Nacho Medina, esta afirmación queda ampliamente demostrada.  Esta es una obra musical en la que podemos ver claramente que, en la actualidad, el gran teatro surge de las filas del off, de los jóvenes que ponen su talento y su esfuerzo a las órdenes del director sin pensar en cuánto van a ganar, o si la obra será el trampolín para saltar a las grandes lides (o las grandes cifras). Y en esto no estoy hablando de los autores, sino también de los treinta artistas que cada martes se suben al escenario de “El Cubo” para dar lo mejor de ellos mismos a lo largo de toda la función. La destreza vocal, coreográfica, actoral y acrobática que despliega todo el ensamble, es realmente asombroso y merecedor de los aplausos más honestos y de los elogios de los críticos más severos.



Tratándose de una figura como la del Marqués de Sade, quizá la única objeción que se le puede hacer a Sádica, ¿quién rompe el silencio?, sería que, por algún motivo, el texto no se arriesga más en la exploración del elemento erótico que siempre implica la sola mención de dicho personaje. El nudo dramático de Sádica se concentra en la libertad de expresión y las constantes confrontaciones entre el Marqués y el padre Coulmier, que representan los polos opuestos de la moral judeo cristiana, la verdad y la hipocresía, la justicia y la injusticia, lo honesto y lo deshonesto.  Y también en el trasfondo que surge de la relación más romántica de su vida: Constance, lo más cercano al amor que pudo conocer.



Apelando al rock y al glam, Nacho Medina hace una fiel traducción del texto expresando su talento para hacer confluir cada elemento que presenta el autor y director.  Su música, con ajustada comodidad, consigue expresar y enfatizar las diversas situaciones que presenta Sádica, ¿quién rompe el silencio?  En todo momento se destaca que existe un claro entendimiento, entre el autor y el compositor que permite establecer este constante diálogo literario-musical, haciendo de ellos una sola cosa, algo que no siempre se alcanza.



La coreografía de Nicolás Pérez Costa es un desborde constante de belleza visual que no invoca en ningún momento a otra cosa más que la pasión y la libertad que expresa todo el elenco con el sensualismo que fluye de sus cuerpos.  También es destacable la labor de Gabriel Bezus Espinosa y Agustín Pérez Costa en el montaje de las escenas de acrobacia de altura, un aporte en el que se destaca su habilidad con los juegos de cadenas con los que expresan los sentimientos reprimidos en la mente de los personajes. 



Todo el elenco de Sádica, ¿quién rompe el silencio?, sin excepciones, se destaca en lo actoral, lo coreográfico y lo vocal, con performances sincronizadas que hacen que la sensualidad fluya entre cada integrante del grupo. El admirable trabajo de dirección de Pérez Costa ha sido extremadamente creativo y cuidadoso de cada personaje y de todos sus detalles, y todos se lucen por igual.  De todos modos, es necesario hacer especial hincapié en Gabriela Bevacqua, brillante (como siempre) en su rol de Constance, Nicolás Guriani, cuya voz y su histrionismo encarnan un muy creíble Coulmier. También se destacan Ana Rodríguez, Carla Liguori, Carlos Miceli, Agustín Pérez Costa, Eugenia Encina, Tatiana Luna y Alfredo Bonini, en el elenco que secunda a los actores centrales.



Gustavo Alderete diseñó un apropiado vestuario, funcional y adecuado.  Y el escenario está muy bien aprovechado por la escenografía y las luces creadas por Gabriel Bezus Espinosa, en torno a un andamiaje que, eficientemente, cumple diversas funciones.  



Sádica, ¿quién rompe el silencio?, es un esfuerzo muy valorable, con temas que al salir del teatro, siguen sonando en la mente de los espectadores. El binomio artístico que conforman  Nicolás Pérez Costa y Nacho Medina, continúa creciendo, y sabemos que vamos a seguir escuchando de ellos y de sus éxitos, por largo tiempo.

© Osvaldo Sabino, 2011


Libros, letras, puesta en escena y dirección general:
Nicolás Perez Costa



Música original, orquestaciones, arreglos corales y dirección musical:
Nacho Medina

Ficha Artística:
Marques de Sade Nicolás Perez - Costa Constance Gabriela Bevacqua
Coulmier Nicolás Guriani - Nadine Ana Rodríguez
Timoteo Agustín Perez Costa - Actriz Eugenia Encina
Donna Tatiana Luna - Cristoforo Alfredo Bonini
Autoridad Carlos Miceli - Doctora Carla Liguori
Ensamble:
Eric Baez - Fabio Camino - Ignacio Coga - Elizabeth Cooke - Jonathan Esquivel
Gabriel Espinoza Bezus - Mariana Guazelli - Guadalupe Halfon - Juan Pablo Keuz Daniela Miscusi - José Ignacio Nualart - Cristian Pantalani - Carolina Perrota
Marcelo Rosa - Valeria Ruggiero - Iara Sarmiento - Nicolás Strucelj
Músicos
Nano Levy Bass - Manuela Aguirre - Ezequiel Moyano - Nacho Medina
Coros:
Andrés Espinel - Mercedes Benítez - Maricel Ramírez - José Luis Bartolilla

Ficha técnica:
Coreógrafo asociado: Agustín Perez Costa
Asistente de dirección: Nahuel Saa - Nicolás Contardi
Montaje y entrenamiento en altura: Gabriel Bezus Espinosa - Agustín Perez Costa
Asistente coreográfica: Aldana Queirolo
Entrenamiento vocal: Lorena Benítez
Diseño de vestuario: Gustavo Alderete
Realización de vestuario: Ivana Perelmuter, Natalia González, Margarita Maluf
Diseño de espacio escenográfico: Gabriel Bezus Espinosa
Efectos especiales: Jorge Caruso
Prensa: Duche y Zárate
Diseño gráfico y fotografías: Daniel Ezequiel
Coordinación general: Nahuel Saa
Producción ejecutiva: Emiliano Miguez - Nahuel Saa
Asistente de grabación en estudio: Mercedes Benítez
Asistente de dirección musical: Nano Levy Bass - Manuela Aguirre
Mezcla y grabación: Nacho Medina

¡SADICA!
¿Quién rompe el silencio?

Martes 21hs. - Localidades: desde $35
TEATRO EL CUBO
Pje. Zelaya 3053, Abasto - 4963-2568
www.cuboabasto.com.ar
Contacto de Prensa:
Duche y Zárate
4522-2562 / 15-5808-1043
prensa@duchezarate.com.ar
www.duchezarate.com.ar
www.myspace.com/duchezaratemusica


Martes 21hs. - Localidades: desde $35
Teatro El Cubo
Pje. Zelaya 3053, Abasto - 4963-2568

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viernes, 28 de enero de 2011

Edda Díaz,
Mi reina, amorcito corazón




La nada fácil tarea de ser la "Reina del Café Concert"

Por Osvaldo Sabino

Muchas veces el éxito hace que los artistas pierdan su frescura inicial y olviden sus raíces.  Otras, se encasillan en el mismo rol con el que triunfaron y no evolucionan.  Son fórmulas que, tarde o temprano, aburren al público.  Conocemos muchos casos que han pasado a la historia a causa de esas dolencias. Sin embargo, hay otros artistas que logran la magia de evolucionar sin jamás traicionar sus orígenes sacrificándolos en pos de un éxito efímero que sólo les aporta los famosos minutos de fama de los que hablaba Andy Warhol. 


Este es el caso de Edda Díaz, una artista que, a lo largo de sus casi cuarenta y cinco años de carrera, siempre ha sabido ser “orgullosamente humilde”, combinando su talento inagotable con la constante evolución escénica que tanto espera la audiencia.  


Su última creación, “La Nancy”, el personaje que encarna en el unipersonal originalmente concebido por Beatriz Mosquera, Mi reina, amorcito corazón, es un claro ejemplo de lo que puede alcanzar una mujer totalmente comprometida con el arte y con la vida.  La magia de Edda Díaz, rescata del anonimato a este ser al que muchos reconocemos al verla en el escenario; una señora de su casa que nos muestra su vida, sus avatares diarios, su conformismo con las desgracias con las que la golpeó el destino.  “La Nancy” acepta todas las adversidades con una sonrisa, y sigue adelante manteniendo la comedia de la lucha diaria cambiando sus  máscaras para cubrir el dolor.  La audiencia sigue su relato con una sonrisa que pronto se confunde en una mueca de sorpresa ante  la conmoción que se desprende del subtexto:  la historia de la chica de barrio que encuentra a su príncipe azul en un baile, que cristaliza el sueño del vestido blanco y la boda conveniente unidas en una sola persona, y una felicidad que sólo dura unos días para luego tener que mantener la apariencia sonriendo con una amarga resignación que la ayuda a soportar la trampa en la que ha caído y de la que, por años, no logra huir por sí sola.


En, Mi reina, amorcito corazón, el humor es una presencia constante que enmascara la tragedia de todos los días, la que muchas mujeres viven puertas adentro de sus hogares, un círculo en el que caen sin darse cuenta y en el que quedan atrapadas sin saber cómo escapar de él.  Lavar, planchar, limpiar, criar hijos, cuidar parientes enfermos, estar siempre dispuesta a ser el objeto de placer de su marido, y también la bolsa donde éste va a descargar sus frustraciones, su amargura con la vida que le negó el destino para el que lo habían preparado.


Mi reina, amorcito corazón, es un durísimo juego teatral de complejidades en el que Edda Díaz invierte la risa y la tragedia mezclándolas sutilmente.  Su inagotable creatividad logra que, en ningún momento, “La Nancy” caiga en la trampa del cliché o de la victimización facilista, y aúna en ella a todas las mujeres golpeadas mostrándoles una ventana de esperanza que se abrirá gracias a la intervención de “la Pochi”, una amiga omnipresente que la empuja a enfrentar la horrible realidad de su vida.


En esta nueva entrega, una vez más, Edda Díaz mantiene viva la llama del Café Concert con un unipersonal que, como tantas veces lo ha hecho, es una de sus más memorables interpretaciones.  A lo largo de ochenta minutos, transporta al público a través de un laberinto en el que la mayor constante es la confusión entre el drama y el humor, el desasosiego y la risa, la trampa y la liberación. La fuerza interpretativa de esta gran dama de la escena, logra que la ovación final no sea sólo para ella, sino también para todas las muchas mujeres víctimas de la violencia domestica que viven en la piel de “La Nancy”, Mi reina, amorcito corazón


“Chiquitita como es”, Edda Díaz continúa creciendo con cada nueva puesta, haciendo honor a esa corona que se ha ganado y que sigue firme sobre su cabeza, honrando el título de nobleza teatral que le ha otorgado el público, la nada fácil tarea de ser  “la reina del Café Concert”.

 
© Osvaldo Sabino, Pressenta.com.ar

Fotos de ©JAVIER FUENTES y NICOLÁS FERNÁNDEZ
FUENTES 2 FERNANDEZ PHOTOGRAPHY 

www.happ-fotos.com.ar

EDDA DIAZ en 
MI REINA AMORCITO CORAZÓN
de Beatriz Mosquera - 3º temporada
Sábados de enero y febrero, a las 22hs. - $40

Unipersonal sobre la violencia familiar:  
Risas, sonrisas cómplices, llantos y ternura, todos los estados posibles que un actor puede pasar y un público puede acompañar, exquisita obra de grotesco argentino.
LA MANZANA DE LAS LUCES
PATIO MARIANO MORENO
entrada $40.- / jubilados y estudiantes $30.-
Perú 272 - Cap. Fed.

martes, 18 de enero de 2011

Diario "Z"
Martes 18 de enero de 2011

El teatro en 2010: 

menú internacional y a la carta

Casi ochocientos espectáculos y más de medio centenar de estre­nos.
Amantes de cifras y can­didaturas Guinness aplaudirán el aserto para con­cluir que la Buenos Aires bicentenaria es soberana en cuanto a estrenos mundiales de teatro de todos los géneros. Frente al apabullante índice, una mesa de café basta para descubrir que no todo lo que reluce es oro (o plata, por lo de "Buenos Aires, la Reina del...").

Pero desde una visión u otra, la verdad es que la cifra impresiona y permite aseve­rar que el teatro en esta capital argentina y latinoamericana goza de envidiable salud. Habrá que aclarar también que frente a las marquesinas hiperproducidas de Corrientes y aledaños es imposi­ble dejar de sumar y destacar a los modestos carteles de más de un centenar de salas (con capaci­dad de hasta 300 espectadores). Destacar decimos ya que esos teatros de cámara en conjunción directa con numerosos elencos independientes -con el apoyo indispensable de la Ley Nacional del Tea­tro y una serie de becas y subsidios concordantes- pueden ensayar y estrenar sus propios proyectos y poner de relieve el trabajo de autores relevantes y, especialmente, el de aquellos nacionales de todos los tiempos.

Empezando por el final, los doce nombres y la ca­lidad seleccionada para la nueva versión del Festival de Teatro CABA2010 nos exime de comentarios. Nos permitimos, sin embargo, destacar dos de imprescin­dible visión: Ala de criados (Mauricio Kartun) y Muaré (Natalia López-Marina Quesada).

La puesta en escena de piezas de nuestros propios autores, clásicos o actuales, remozados o respetados al pie, renovó nuestra creencia en un teatro que nos represente. Alberto Vacarezza, Armando Discépolo, Julio Sánchez Gardel y Florencio Sánchez se sumaron -entre muchos otros- a Griselda Gambaro, Roberto Cossa, Diego Manso e Ignacio Apolo.

Las buenas y no tan buenas traducciones, las adaptaciones, las versiones libres y libérrimas y hasta las copias encubiertas de algunos clásicos subieron a escena con mayor o menor éxito. Des­filaron, entre muchos otros, un empalidecido Cal­derón (C. Bieito), un Ibsen enaltecido (Zorzoli), un estupendo Lorca "intervenido" (J. Gené), un desangelado O'Neill (V. Cosse), un Miller conmove­dor (Tolcachir) y hasta un acriollado Valle Inclán (M. Barreiro).

Los extranjeros contemporáneos establecidos como Arthur Miller, Samuel Beckett, Yazmina Reza, y Neil Simon y los menos conocidos entre nosotros, como Jon Fosse y Lutz Hubner, subieron a escena en más de una sala y hasta con más de un título.

Españoles como los del grupo La Zaranda (G. Campuzano, Paco Sánchez, etc.) y latinoamericanos, como el clown-show de Caíllo Cru dejaron una im­pronta inolvidable. Otros como Rodolfo Santaña (Ve­nezuela) y Enrique Buenaventura (Colombia) tuvieron su primer idilio con nuestra Ciudad.

En el rubro unipersonales -tarea muchas veces vilipendiada- tuvo, entre varios otros, a tres dignísi­mos exponentes de distinto género: Osqui Guzmán (El Bululú), Juan Pablo Geretto (Yo amo a mi maestra) y Virginia Innocenti (Dijeron de mí).

Las obras con directores tan diferentes y dispares como Mauricio Kartun - un independiente consagra­do- y el empeñoso José María Muscari fueron res­puesta popular para quienes se preguntaban qué ver. Daulte, Veronese, Spregelburd y Tantanian -muchas veces directores, autores y hasta actores- aseguraron su trabajo renovador o innovativo.

El género "teatro musical", que tuvo como pri­mer exponente local notorio a Pepe Cibrián Campoy -cuyo Drácula cumplirá 20 años-, alcanzó calidad in­ternacional y un repartido apoyo del público. El imán de La bella y la bestia pudo lo que no logró la buena propuesta de Sweeny Todd. Souvenir fue un logro especial de Karina K y Gonzalo Demaría hizo un hilaran­te autosacramental, La anticrista, que terminó siendo obra de culto.

El teatro de género y resistencia fue variado en propuestas y calidad: Enmudecer la lluvia, PresXs, Pe­rra que ladra a la Luna, Quiero pasar una tarde con Franco y Carnes Tolendas estuvieron entre las más vis­tas.  

Premios y distinciones de distinto orden sirvieron para alentar y/o discutir méritos y deméritos de una actividad que parece haberse potenciado en todos los niveles: los actores, los autores, los directores, las salas, el público. Dejamos rubros y nombres en el tin­tero. Sucesivas notas nos permitirán ampliar este aná­lisis.

Volviendo al título: es un placer para los amantes del teatro tener una opción que muchas veces es un auténtico menú a la carta.

(c) Jorge Paolantonio, Redacción "Z"

lunes, 10 de enero de 2011

Serenata Para La Tierra de Uno

María Elena Walsh 1930 - 2011... y la eternidad...

Composición: María Elena Walsh
 
Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Presentación de la novela ganadora del Premio Odisea de Literatura 2010, Tres Noches, de Rubén Mettini Vilas



DESTRAVARTE 2010: 2do Encuentro de arte trans de Buenos Aires
MISILES CONTRA LA DISCRIMINACIÓN
Por Jorge Paolantonio, de la redacción de Z 



Destravarte en su versión 2010 tuvo-con obras dirigidas por Martín Marcou y Osvaldo Sabino-un  excepcional cierre en lo que hace a la actividad teatral dentro de la exitosa muestra que se desarrolló entre el 13 y el 15  del corriente en predios de nuestro Centro Cultural  Caras y Caretas, bajo la coordinación de  Mosquito Sancineto.

Hablar de transgénero en teatro es internarse en una zona donde la discriminación y el prejuicio deben borrase aún cuando ambas sean motores de una conflictiva que trasciende la posmodernidad y tanto otro rótulo. Esta complejidad surge para instalarse cada vez con más fuerza en los escenarios del mundo ya que, más allá del hecho teatral en sí, [nos] ayuda a reflexionar y entender sobre cuestiones que por centurias y hasta hace poco eran parte de lo acallado por ley, dicho en voz baja en las familias, desdeñado por las elites de la moralina fascistoide, castigado con la muerte y obliterado por los fundamentalismos religiosos, y blanco de artillería de todo tipo y de cuanto medio se propusiese versar bien o mal, con morbo o sin él, sobre la temática.
Martín Marcou

Quiero pasar una tarde con Franco, escrita y conducida por el joven Martín Marcou, exhibe un desfile de creaturas neuróticas cuya inestabilidad física y psíquica no logra desbaratar las raíces fuertes de un enamoramiento bien plantado. Valentino [Marco Gianoli] invita a merendar a Franco [Hernán Lettini] y, consciente o no, pone sobre la mesa un ‘pack’ que incluye algo más que una variedad agridulce de galletitas. Tras un imperdible diálogo sobre las mismas, se corporizan personajes que, con inteligencia, el autor-director utiliza para tejer una conflictiva que ilustra y pondera sobre el amor y sus circunstancias mediatas e inmediatas. El aire romántico sobrevuela una colección de diálogos infernales y atrapa al público que suspira por un final que llega y rescata la idea de felicidad.  El elenco luce parejo y las verosímiles actuaciones de Gianoli y Lettini  aunadas a la versatilidad de Puchi Labaronnie [en el rol de la madre de Valentino] subrayan la calidad de un texto con altibajos en la dramaturgia pero efectivo en cuanto a su función primordial: entretener y reflexionar sobre hechos que, afortunadamente, han dejado de ser tabú.   


Presxs de la Vida [con ‘x’ ya que no marca género] es una serie de monólogos articulada por el reconocido Osvaldo Sabino sobre idea de Daniela Ruiz. Cinco transexuales en situación de cárcel desfilan sus historias frente a una platea que va de la risa a la emoción con la misma frecuencia que las creaturas escénicas narran superficie y estratos de su problemática individual. La cotidianeidad de estos seres en prisión pasa a un segundo plano en tanto cada uno despliega el meollo de sus historias. Estas parecen  tomadas de una antología de clisés del amarillismo y, sin embargo, son historias reales de vida donde el género y la resistencia brillan con una luz que se revela especialmente en el conjunto. La ambición, la pasión enfermiza, la xenofobia, la envidia, la competencia desleal, el desamor, el abandono, la soledad, el transcurso del tiempo: todo ello pasa por lo dicho en escena donde un cierto quietismo permite una escucha efectiva. 
 Osvaldo Sabino
 El director vehiculiza sin efectismo ni afectación  la narración de sus ‘presxs’: Lucía Escobar, Paula Polo, Belén Ponce, Sayuri Salazar y Delfina Bianco; en consecuencia, la línea dramática fluye con el impacto oportuno y la emoción puntual. Una obra reveladora en la que la lucidez de Osvaldo Sabino dispara certeramente contra la discriminación y el oscurantismo.

Belén Ponce-Delfina Bianco-Sayuri Salazar-Lucía Escobar-Paula Polo





viernes, 3 de diciembre de 2010

Presxs de la vida,
escrita y dirigida por Osvaldo Sabino
Gran obra, con un elenco con mucho potencial

Dolor en el símbolo del horror. Dolor que se transforma en esa experiencia formidable que es Prexas de la vida, la obra escrita por Osvaldo Sabino, que se presentó en el marco de las “Jornadas por la Diversidad”, en el Centro Cultural de la Memoria Histórica Haroldo Conti (en la ex ESMA).

La historia de seis personas trans, fuera de la sociedad no sólo por su identidad sino también por ser estar presas. Presas de ellas mismas, incluso.

Iba a verla con bastante prejuicio. Pensé en encontrar la típica obra reivindicativa, de drama carcelario. A los 3 minutos de la explosiva apertura se fueron todos mis tópicos mentales a casa.

El texto es emocionante, durísimo, bordea la completa tragedia, pero los toques necesarios de humor son el oasis esperado para aguantar la dolorosa catarata de imágenes y monólogos de Lucía Romina Escobar, Paula Polo, Daniela Ruiz, Belén Ponce, Delfina Bianco, y Sayuri Salazar. Ellas, despojadas, oscuras incluso en su ropa, su voz, su historia, iluminan el escenario con tan sólo las largas cabelleras y seis historias de amor y muerte. No son sólo asesinas, o traficantes, o ladronas. Ellas son amantes, protectoras, soñadoras, turras, ingenuas, ambiciosas.

El perfil tan claro las humaniza.

Hay amor ante todo desesperado, para aferrarse a quién quieres (la mejor, Paula Polo);  hay rencor en la autoritaria e inmensa Peque de Daniela Ruiz; hay ingenuidad absoluta en Malibú (para mí una de las mejores performances) a cargo de Lucía Romina Escobar, y hay verdadero teatro en el monólogo de a dos entre Belén Ponce y Delfina Bianco; Sayuri tiene una presencia sin fisuras en la Peruana que todas maltratan (en la diversidad también se discrimina), pero le aconsejaría que no se traslade tanto por el escenario: su pelo azabache y su personaje son suficientemente fuertes como para necesitar tantos movimientos.

Osvaldo Sabino ha luchado por sacar lo mejor de cada una de las actrices e indudablemente ha salido exitoso. El melodrama es peligroso cuando está en manos inexpertas, y no es precisamente este caso.

Para corregir: la puesta con los mini monólogos de final de la obra. No hace falta que lleven y traigan las sillas, a la tercera ya estamos agobiados por esos pocos segundos que se nos corta la emoción. Tal vez podrían utilizar una misma silla y que el traslado sea de las actrices solamente.

Y, creo que la dureza de Daniela Ruíz no necesita de tanto volumen de voz, una buena película de Alba Mujica la ayudaría a redondear maravillosamente su personaje.

Gran obra, con un elenco con mucho potencial, y que ojala se haga un lugar en la cartelera porteña del 2011. Nos lo deben.

© Gustavo Pecoraro, para “El Vahído”
Fotos: Germán Díaz